Archive for Abril, 2009
Reportaje: Amanecer
Amanecer… después de una larga y buena noche, toca un pésimo día.
Escrito por: Legolas
Desde su salida a la venta el año pasado, hasta la fecha, Amanecer, la cuarta novela de la serie iniciada con Crepúsculo de la autora estadounidense Stephenie Meyer, se ha mantenido en el top ten de ventas en nuestro país –ya lleva 25 semanas entre los primeros puestos-. Pero eso no es todo; actualmente, los otros tres libros de la saga, Crepúsculo, Luna Nueva y Eclipse, están compartiendo igualmente el liderato junto con el último libro publicado.
Lo lógico sería decir que esto es así debido al también reciente estreno de la película Crepúsculo, basada en el libro homónimo de Meyer que, como todos sabemos, ha sido todo un éxito de taquilla –y para muchos una verdadera sorpresa-. Nada como el estreno de una película para que el libro se pueda vender como pan recién salido del horno. Bien por los libros. Sin ánimo de comparar –uno, porque las comparaciones son siempre odiosas; y dos, porque ambos casos no son comparables en temática-, la saga de Meyer posee algo de lo que ya hace años logró J. K. Rowling; y esto es, hacer que gente que, generalmente no lee, pueda, sin asco, zamparse un libraco de sus buenas 500 páginas. Bien por los libros nuevamente. Y siguiendo con las comparaciones –insisto en las disculpas- Amanecer sería en la saga de Meyer, lo que La orden del fénix es en Harry Potter; o sea, un asco absoluto, una bazofia literaria de proporciones, el fin del encantamiento producido por la aparente calidad de los primeros libros. Vamos por parte.
La saga de Crepúsculo cuenta la historia de una joven de nombre Isabella Swan (Bella, para los amigos), que se va a vivir donde su padre a un pueblucho perdido en el norte de Estados Unidos llamado Forks. Bella resulta desde el primer momento un personaje muy agradable, exquisitamente torpe, y eminentemente romántica. Algo así como una mezcla entre lo que en animación japonesa se llama tsundere y moe. Resumiendo, ella es una humana normal –y torpe-, la cual termina enamorándose de un joven de más de 100 años llamado Edward Cullen, vampiro, cool, pianista amateur, y dueño de una supuesta belleza capaz de hacer que Bella –y muchas otras- se olvidara de respirar. Algo así como la imagen de perfección masculina. Tal como dice el slogan del libro, Crepúsculo nos relata la historia de un amor peligroso. Más detalles no daré, porque la mayoría, o ya se leyó los libros, o tiene planeado hacerlo. Así que, si aún no han leído Amanecer, salga de esta sección, y revise algún otro contenido de esta entretenida página web.
Como sea, el hecho es que Meyer logra, a través sólo del primero de los libros, desarrollar una historia interesante, que tiene de todo para ser un éxito comercial inmediato. No vamos a ponernos a discutir con los puristas en historias de vampiros que reaccionarán aireados frente a la peculiar visión que Meyer tiene acerca de las criaturas bebedoras de sangre. Claramente, su argumento vampírico resulta ser algo sui generis, y si has leído algo de la literatura ya más clásica sobre el tema, no hay muchas similitudes, a excepción que, al menos, en Meyer los vampiros también beben sangre. Y la verdad, siendo justos, tampoco hay mucho que criticar, pues, ¿quién puede decir realmente cómo son o se comportan los vampiros? No hay nada más inútil que discutir con alguien que reacciona de manera visceral y absurda cuando le comento que los vampiros de Meyer no atacan a humanos, son algunos muy buenos, beben sangre de animales y –lo más blasfemo- ¡pueden salir de día! Me ha tocado alguno casos en que algunos ridículos –lo siento, no hay otra palabra- me han dicho “¿Cuándo se ha visto que los vampiros salen de día?”. Y sí, la verdad ¿cuándo se ha visto eso? ¿Y cuándo se han visto que salen de noche? ¿Y cuándo se ha visto algún vampiro? La tradición dicta que es de noche, pero eso sólo en referencia a algunas leyendas y por sobre todo a los escritos de Polidori o Stoker (el verdadero padre del género, con su famoso libro Drácula); pero evidentemente sería ridículo tomar esto como una verdad absoluta. La tradición dicta eso –a mí me gusta la idea de respetar la tradición-, pero si a alguien como Meyer le parece que los vampiros pueden salir de día, entonces no hay vulta que darle y no hay nada que alegar. Punto.
La cosa es que los libros de Meyer funcionan muy bien; la trama es entretenida, con buenas dosis de acción y suspenso –un suspenso juvenil, lleno de lugares comunes, pero suspenso al fin y al cabo-, mucho, pero que mucho humor; y por sobre todo (la piedra angular de la saga, el mejor punto de la obra, lo que en definitiva es el alma de la historia), kilos y kilos de un romanticismo intenso, azucaroso, épico, lleno de frases cuidadosamente elaboradas, ampulosas, llenas de adjetivos y adverbios para derretir corazones y renovar la creencia en el amor verdadero, para aquellos que no creen en él, o que aún esperan a que llegue. Es casi un libro de esperanza. La parte romántica, claro está, no puede ser más clásica de lo que es; llena de lugares comunes, sacrificios personales, actitudes planificadas, como si fueran personajes de alguna novela del siglo XIX… un homenaje de Meyer a autoras como Jane Austen o Emily Brontë.
No discutiré aquí la calidad literaria de estos libros; sólo diré que como narradora, Meyer es bastante efectiva; sabe entretener y mantener agarrado. En lo personal, los tres primeros libros me gustaron mucho –quizás demasiado-, y me los devoré en una semana. Me sacó de una depresión amorosa, me dejó creyendo en el amor verdadero, escuchando el trinar de los pájaros, y esperando poder enfrentarme contra monstruos terribles para poder defender a alguna dama en peligro. Me dejó incluso con las ganas de tener la posibilidad aunque sea ínfima de poder dar un beso, un sólo beso como los que salen descritos en cualquiera de los tres primeros libros de la saga -es que son muy buenos-. Todo bien hasta ahí. Hasta que llegó Amanecer.
Para una saga que había tenido tres libros tan buenos e intensos en sentimientos, personajes notables y adorables, Amanecer llega a arruinar todo el trabajo previamente hecho. No sólo es una mala historia, sino que además los personajes cambian y tienen actitudes tan distintas a las que los habían caracterizado en los tres libros anteriores, que todo resulta ser, a medida que avanzan las páginas, una seguidilla de decepciones. El libro parte bastante bien, con un primer capítulo que en realidad debería haber sido el epílogo de Eclipse, para que todo hubiera sido una muy buena trilogía de vampiros. Pero no fue así. Después de tres libros en que todo funcionó como se esperaba que este tipo de cosas funcionaran, Amanecer llega a sacarle simplemente un provecho económico a unos personajes carismáticos. La idea de las sagas nunca son malas cuando se logra tener una gama de personajes tan entretenidos como los que aparecen en la serie de Crepúsculo. Por eso casi siempre funcionan. Pero en este caso, la historia se desarrolla de tal manera que los personajes se desperfilan totalmente, dejan de ser quiénes eran, son forzados y llevados al extremo de situaciones ridículas, absurdas y rebuscadas. Amanecer tenía todo para ser un muy buen libro, tenía todo el trabajo de construcción de personajes y situaciones desarrolladas muy bien durante tres historias anteriores, listas para ser utilizadas en algo que le diera dignidad a una saga que hasta el momento había funcionado muy, muy bien.
Si bien es cierto el libro tiene las correspondientes dosis de humor típicas de la saga, la historia hace agua por todas partes. Amanecer está divido en tres partes. La primera está relatada, como siempre, desde la perspectiva de Bella, y cuenta todo sobre el tan esperado matrimonio entre la protagonista y Edward Cullen, la igualmente esperada –no lo nieguen- noche de bodas, con snusnus incluido… obvio; y por supuesto, todas las frases ampulosas y largas, llenas de amor incondicional y hasta la muerte, entre los recién casados. Hasta que se desata el punto que crea el desarrollo principal de la historia: Bella queda embarazada, y ahora un híbrido amenaza con consumirle la vida. La segunda parte de la novela –lejos la más chistosa- está narrada desde la perspectiva de Jacob Black, el licántropo amigo de Bella, que hace lo imposible por salvar a su amiga y ayudar a Edward a que Bella no muera. La tercera parte y final, relata lo que en teoría era la promesa más interesante de toda la saga, el argumento nacido al final de Crepúsculo, que daba pie a una historia que podría haber sido mucho más superior de lo que fue; me refiero a la decisión de Bella de convertirse en un vampiro para poder vivir eternamente junto a Edward –hasta la idea más cool de la historia está empapada de romanticismo-. Ese sólo hecho anunciado al final de primer libro, hizo que todos los fanáticos se mantuvieran atentos y ansiosos a la historia que relataría este hermoso y totalmente romántico evento: la idea de estar condenados eternamente a amarse, es simplemente genial. Pero no fue así. A penas sólo fue importante en dos capítulos de toda la novela. Y no salió para nada emocionante.
Todo queda reducido a una trama insípida, sobrecargada de personajes muy caricaturizados, situaciones incoherentes, absurdas, y además, con la promesa incumplida de una pelea grosísima que podría haber hecho a la novela, algo menos mala. Pero ni la pelea -ni nadie- llega a salvar de la calamidad desatada a este patético final de saga. Y lo más triste de todo es que arruina lo bueno de las anteriores entregas.
Edward y Bella se convierten en unos mártires patéticos, en vez de los personajes apasionadamente románticos que eran; la situación amorosa de Jacob se resuelve de la peor manera que podría habérsele ocurrido a Meyer, matando toda la ilusión de la existencia de un “amor verdadero”, encarnado en los protagonistas… simplemente la idea de la “imprimación”, al menos en Jacob demuestra una falta de inteligencia literaria realmente penosa –y digan lo que digan, es asquerosa y pedófila-; Alice –lejos el mejor personaje todos-, que había logrado ser tan relevante en las entregas anteriores, pasa total y absolutamente desapercibida, o sea, más encima Meyer no utiliza lo mejor que tiene, sino que los deforma o lo olvida, en un horrible intento de construir una historia ni siquiera mediocre, sino que abiertamente mala. Los Vulturi, vampiros realmente grosos, de estilo clásico, a lo Bram Stoker, y que se sabía eran bastante brígidos, terminan por mostrar un espectáculo totalmente ridículo. Y para qué vamos a hablar de la aparición de los mapuches al final del libro… o sea, fuera de todo contexto, como si los mapuches fueran una especie de mito y no un pueblo real y existente de manera totalmente normal dentro de la sociedad.
Amanecer es un aborto literario, lo peor que le puede pasar a una saga bien construida, y definitivamente es lo peor que le pudo –que nos pudo- haber pasado a los miles de fans.
Reportaje: Soul Eater
WARNING: Contiene una alta y grosera cantidad de SPOILERS. Si no has visto SOUL EATER, mejor ve a hacer otra cosa (Otaku)
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“Altos y bajos de la que probablemente sea una de las mejores series de animación emitidas en Japón durante el año 2008 y comienzos del 2009″
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Escrito por: Legolas
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Soul Eater vio la luz primeramente como un manga -como suele suceder la mayoría de las veces-, el 24 de junio de 2003, escrito e ilustrado por Atsuhi Okubo. Recién en abril de 2008 saldría emitido por televisión japonesa el primer capítulo de la serie de animación, producido por el afamado estudio Bones, y dirigido por Takuya Igarashi (el mismo director de Ouran Host Club).
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Como suele suceder con todas las producciones del estudio Bones, la animación no sólo es impecable, sino que de alguna u otra forma sorprende desde el primer momento, con un opening para no olvidar -visualmente, se entiende, musicalmente no era muy bueno-, y un ending igualmente interesante. Los movimientos de cámara acelerados, los impecables trazos y los juegos de colores, luces y sombras, aseguraban, como mínimo, un placer estético difícil de olvidar. Y así fue. ¿Qué pasó entonces con esta serie que, aún teniendo todos los buenos elementos que posee, no es tan buena como debería serlo?
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El argumento general transita en las vivencias de unos estudiantes -bastante especiales- llamados comúnmente “Usuarios” (Shokunin), y sus compañeros de batalla los cuales, teniendo forma humana, pueden transformarse en un arma -¡notable!- con la cual luchar contra los demonios. Dichas armas aspiran, con la ayuda de sus usuarios, a convertirse en una súper arma, luego de devorar las almas de 99 demonios -de ahí el nombre de la serie- y el de una bruja. Esta súper arma recibe el nombre de Death Scythe, de las cuales sólo hay 8 en todo el mundo. Estos estudiantes especiales, se educan en un colegio igual de especial llamado el Shibusen, escuela que se dedica a entrenar a ambos -usuario y arma- en la lucha contra los demonios, brujas -las malvadas, porque no todas lo son-, y cualquier cosa que ponga en peligro a la humanidad. Colegio cuyo director es nada más y nada menos que el mismísimo Dios de la Muerte, más conocido como Shinigami-sama. Freak, como mínimo.
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La historia se centra en las aventuras de Maka Albarn y su compañero -y arma- Soul Eater Evans (el cual se transforma en una guadaña), que juntos con sus compañeros de clases; Black Star (altamente inspirado en la personalidad de Naruto) y su arma Tsubaki Nakatsukasa (personaje totalmente moe, pero terriblemente eficaz, ya que tiene la posibilidad de transformarse en 6 tipos diferentes de armas); juntos con Death the Kid (¡¡¡maestro!!!!), hijo del Dios de la Muerte, y sus compañeras armas, las hermanas Patricia “Patti” Thompson y Elizabeth “Lizz” Thompson (ambas transformables en dos pistolas semi-automáticas); son enviados en diferentes misiones a distintas partes del mundo, para combatir a lo que sea que esté perturbando la paz.
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La historia rápidamente se va desarrollando -lo que se agradece- de manera tal que, pronto sabemos que existe una gran conspiración por parte de una terrible bruja llamada Medusa, para revivir a un demonio ancestral que sumiría en todo un caos el mundo actual, para poder de esa manera, acabar con el, entre comillas, reinado del Shibusen. Lo que sucede, por supuesto ustedes ya lo saben -y si no, no lea este artículo o le arruinaré el resto de la serie con diferentes spoilers-; a lo largo de 51 capítulos, la historia se desarrolla en torno a la captura de Asura, el Kishin o demonio máximo encerrado bajo el Shibusen, que Medusa y compañía logran -con ciertas dificultades- liberar -en una escena realmente notable y espeluznante… ¿se fijaron cómo se ajustaba la piel Asura?-. Todos estos condimentos, dan sabor a una serie que se puede catalogar dentro del género de Dark Fantasy, llena de elementos oscuros, posesiones demoníacas, peleas realmente fuertes -no había asco en mostrar como, por ejemplo, a Maka le pegaban patadas y combos en la cara- y, como si fuera poco, almas devoradas por seres con forma humana.
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Pero si bien es cierto, Soul Eater comenzó como una gran serie de animación, algo hubo a lo largo de todo el proceso, que influyó en un desarrollo de la misma de manera tal que nos quedamos con gusto a poco. Los problemas de tener un tan buen comienzo -por no utilizar un vocabulario que podría ser considerado muy soez-, es que después cuesta mantener tan buen ritmo y tan altas expectativas; cosa que no sucedió, por ejemplo, con Evangelion, la cual empieza bien, y de forma progresiva avanza hasta terminar de manera infartantemente espectacular. En Soul Eater, esto no pasa; lo que tampoco quiere decir que la serie se haya ido a los tres carajos; pero algo le falta -o le faltó-.
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Lamentablemente queda la sensación de que la serie fue apurada en su último tramo. El manga aún se continúa publicando, y puede que en este sentido, para quienes lo leen, quede la esperanza que se arreglen los errores que se cometieron con la serie. Si bien es cierto, siempre agradecí lo casi vertiginosa que era la serie, tanto como por los movimientos de cámara, como por su avance rápido en la historia central, al final da la sensación que quedaron muchas cosas inconclusas.
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Aunque la historia principal trata sobre la lucha del Shibusen en contra del Kishin, es indudable que los protagonistas indiscutidos de esta serie son Maka y su compañero Soul. En este sentido, tanto su relación personal -esa exquisita tensión amorosa que nunca llega a ser tan evidente, pero que definitivamente existe entre los dos-, como la promesa de Maka a Soul de convertirlo en el noveno Death Scythe, quedan totalmente flotando en las letras del último capítulo -por si no se entendió la metáfora, quiere decir que nunca pasa nada-.
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Lo mismo sucede con casi todos los personajes, Maka nunca vuelve a reencontrarse con Chrona -de el/la cual nunca supimos si era mujer u hombre-, los secuaces de Medusa desaparecen de la serie. Nunca sabemos qué pasó con Mosquito, y la pelea entre Justin y Giricco no logra resolverse aunque varias veces se infiere que, eventualmente, a la larga Justin sería el ganador. Para qué vamos a hablar de la muerte de Arachne, totalmente injustificada, apurada y fuera de contexto -mucho ruido y pocas nueces para un bruja que tuvo en jaque al Shibusen-. Tampoco aparece la madre de Maka, la cual está, de manera indirecta, presente en toda la serie, y se especula que anda recorriendo distintas partes del mundo, pero se espera aparezca de un momento a otro. Lo mismo sucede con la más fastidiosa, bizarra, incoherente, absurda y genial arma de todas: Excalibur (Excalibur, Excalibur, from the United Kingdom I’m looping for her, I’m going to California…), la cual aparece al final de la serie, para ser testigo en directo de la pelea final del Shibusen contra Asura… por qué decide aparecer, por qué sabía cosas que el resto ignoraba, son dudas que no se responden, y que ni siquiera se pueden deducir.
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Como si apurar la serie no fuera suficiente, en los últimos capítulos podemos apreciar más fuertemente un descenso en la calidad de la animación: definitivamente, el Asura que pelea con Shinigami al final de la serie, no el mismo Asura que peleó también con Shinigami, cuando fue liberado. Eso por poner algún ejemplo.
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Ya en los último dos capítulos, la cosa pasa del vértigo animado, al corte; simplemente para llegar luego al final. De la gran pelea entre Asura y los tres protagonistas, sólo podemos ver en gran parte a Kid y a Maka; de Black Star nunca vemos cómo fue derrotado, ni cómo peleó, ni qué técnicas utilizó… ni siquiera alcanza a sacarle el máximo provecho a Tsubaki en modo de “sable demoniáco”, lo cual, para todo lo egocéntrico y extrovertido que siempre fue el personaje, resulta casi un insulto.
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Capítulo final y conclusión.
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El capítulo 51 de Soul Eater fue estrenado en Japón el 30 de marzo de 2009. A pesar de los altos y bajos que hasta el momento había presentado la serie, las expectativas de una pelea a muerte a gran escala y escenas inolvidables eran bastante altas. Sin embargo, el capítulo se inicia con Dead the Kid y Black Star ya fuera de combate (armas incluidas). Eso nos deja de inmediato 1/3 de diversión. Mala cosa. Como sea, las opciones de ver una mega lucha entre Asura y Maka, con Soul a su lado, tampoco resultan ser tales, ya que Soul queda rápidamente fuera de combate debido a un potente ataque que recibe, para poder -cómo no- defender a Maka -cosa que ya había sucedido antes en la serie cuando Soul recibe el golpe de Chrona en Italia-. Hecho totalmente comprensible y por todo aspecto loable. Pero, ¿es esto realmente malo para el desarrollo de la pelea? Antes de caer inconciente, Soul logra realizar una resonancia de almas con Maka, transformándose en una súper guadaña psicodélica, totalmente grosa; pero no pasa de ser un placer visual, ya que al Kishin no le causa ni cosquillas. Maka está sola para enfrentar a Asura, bajo esta perspectiva, la pelea, de haber, tenía que sí o sí ser impresionante, ya que en teoría, es Maka agarrándose a cornete limpio contra un súper demonio. Para placer de quién les escribe, así fue precisamente, lo que derivó en una pelea, ocularmente de proporciones bíblicas. Las escenas de Maka en estado inconsciente peleando con Asura, definitivamente quedarán por siempre en mi retina, y las destaco como una de las mejores peleas que he visto en animación -y no me olvido ni de Dragon Ball, ni de Samurai X-: Maka peleando con sus manos, transformada ella misma en un arma demasiado cool para ser cierto, es un placer que no se puede obviar, lo que inmediatamente hace perdonar cualquier error que los animadores o el director pudieran haber cometido con la serie.
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La reacción de Asura, sin embargo, no está a la altura de su oponente. Si bien es cierto, en un primer momento la cosa va en serio -mientras yo me agarraba la cabeza a dos manos para no caer inconciente por lo espectacular de la pelea-, como cuando el Kishin tortura a Maka para obligarla a sentir dolor y sacarla del trance -¡impresionante!-; después, la confrontación deriva en los típicos clichés de las peleas de animación japonesa: fuerza interior, bla, bla, no me daré por vencida, bla, bla, ella es especial porque tiene la fuerza del corazón, bla, bla, qué es este sentimiento que no entiendo, bla, bla, cómo logra ponerse de pie, bla, bla, etc…-. Todo termina con Asura siendo derrotado casi de manera ridícula, y él mismo comportándose más como un bufón endemoniado, que como el gran demonios que realmente era. En defensa del final, debo decir que, a pesar de todo, me parece notable que el Kishin sea derrotado de un absolutamente brutal combo en la cara -¡Girl power!-.
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Soul Eater definitivamente dejó cabos sueltos, terminó muy rápido, y decayó en su calidad de animación al final de la serie. Esto, sin embargo, no le resta la enorme cantidad de méritos que la serie posee: un guión que a veces se acercaba a la maestría, con diálogos realmente notables en torno a la locura, la muerte y la vida; personajes entrañables (Maka, el profesor Stein -lejos el personaje que mejor se desarrolla en la serie-, Dead the Kid -insisto, un maestro-, el gran Mifune, personaje del cual también se echa de menos más desarrollo), excelentes caracterizaciones, una historia entretenida y potente, tétrica, rápida, con toques de locura, mentes insanas, y buenas dosis de acción y humor. Habrá que ver si el manga termina de pulir, como corresponde, esta joyita.
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Por Legolas
CICLO DE CINE YAOI
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PRESENTANDO:
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Películas:
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Ai no Kotodama
Género: Drama, romance
País: Japón
Año: 2008
Idioma: Japonés
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Sinopsis
Tachibana y Otani han vivido como amantes durante mucho tiempo, su relación es tan discreta, que nunca se han confesado
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sus mutuos sentimientos, aunque pareciera que las cosas van bien en ese estado de tácito acuerdo. Es hasta que entra en
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sus vidas Yuki, una amistosa joven, que las cosas comienzan a trastocarse.. Y en donde ambos amantes entran en un serio
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conflicto.
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Antique Bakery
Genero: Suspenso, Romance
País: Corea del Sur
Año: 2008
Idioma: Coreano
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Sinopsis
La película se centra en la vida de cuatro hombres que trabajan en una cafetería. Jin-Hyuk es el heredero de una
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corporación que decide abrir una pastelería, para lo cual contrata a Sun-Woo es un pastelero con un encanto seductor,
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Gi-Beom es un ex-boxeador ahora ayudante y Su-Young es un guardaespaldas. Estos cuatro hombres bien parecidos agitan un
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vecindario tranquilo cuando abren Antique.
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ANIME:
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Ikoku Irokoi Romantan OVAS 1 & 2
Género: Yaoi, romance, comedia.
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Sinopsis:
Ranmaru a pesar de ser muy joven es líder de un poderoso clan Yakuza quien se ve obligado a casarse con Kaoru, una amiga
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de la infancia un tanto mayor que él con la cual viven peleando. El matrimonio se lleva a cabo en un crucero, la noche de
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bodas Kaoru bota a Ranmaru de la habitacion por una tonta pelea. Luego de esto Ranmaru se rencuentra con Al con quien se
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había topado anteriormente en el barco y luego de varias copas, termina pasando la noche en el cuarto de este Guapisimo
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Italiano que le facina Japón, y que además estaba fascinado con Ranmaru, al final termina pasando lo que tiene que pasar.
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Al dia siguiente Ranmaru descubre que Al no es otro que el capitan del crucero.
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KIREPAPA OVAS 1 & 2
Género: Yaoi, Romance
Mangaka: Ryo Takagi
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Resumen:
El escritor de novelas de misterio Takatsukasa Chisato es muy sobreprotector con su hijo Riju y se dedica a ahuyentar a
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todos los chicos que hay a su alrededor. Pero hay un chico, Shunsuke, que no se da por vencido, y es que no está
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precisamente interesado en el hijo… No sólo eso, sino que además Chisato también descubrirá la verdadera identidad de
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otro escritor de novelas de misterio del que es un gran fan, ¡y que él pensaba que era una mujer!
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